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CORRIDA CAMBIARIA: CAUSAS, EFECTOS Y DEBATES

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Hace pocas semanas la economía del país comenzó a sacudirse con una fuerte corrida cambiaria, que llevó a la divisa estadounidense a su valor más alto desde la salida de la convertibilidad. La incertidumbre y las expectativas negativas encabezan las emociones en el humor social; y el gobierno anuncia medidas que recuerdan cada vez más  los noventa.

Desde ese pico de aumento del valor del dólar, a causa de la suba de tasas en Estados Unidos a fines de abril, muchos son los países que han devaluado sus monedas, pero el nuestro sufrió una depreciación mucho mayor y además continuó esa tendencia hasta el día de hoy. ¿Por qué EEUU aumenta sus tasas y cómo eso se relaciona con nuestra devaluación? Pues porque en un escenario de crecimiento y bajo desempleo estadounidense, su política monetaria intenta evitar un posible recalentamiento de la inflación mediante la gradual suba de tasas. Al subir las tasas de interés en Estados Unidos, sus bonos se vuelven más atractivos para los inversores, quienes buscan un mayor rendimiento y seguridad. Así, los inversores venden sus activos en pesos (Lebacs, por ejemplo) y compran dólares para sacarlos del país y dirigirlos a los bonos de Estados Unidos o activos similares. Esta gran demanda de dólares es la que hizo subir su precio y por tanto explica la devaluación de las últimas semanas, tanto en Argentina como en muchas otras economías emergentes.

Sin embargo, esta tasa, que es de referencia obligada a nivel mundial, y que por tanto utilizan todos los emisores de deuda de países emergentes como la Argentina, produce el encarecimiento del endeudamiento externo. Argentina cuenta con un mayor volumen de letras de cambio emitidas y, dada la política de eliminar los encajes a los movimientos de capitales, nuestro país queda más expuesto a posibles shocks como el que desencadenó por la suba de tasas estadounidenses.

En cuanto a la inflación, es destacable que la mayor parte de los analistas coinciden en que la inflación que se espera en la actualidad, luego de la corrida cambiaria, está lejos de la meta inflacionaria que el gobierno estableció. El 15% que se fijara como meta en diciembre de 2017 no tiene posibilidades de cumplirse con una inflación acumulada del 6,7% en el primer trimestre del año. Por lo tanto, los aumentos de precios que esperamos se alejan de los valores que fueron acordados en paritarias este año (en su mayoría, cercanos al 15%, como es el caso de Empleados de Comercio, Luz y Fuerza, Remiseros, etc).

Con respecto al acuerdo con el FMI, es importante comprender que los capitales financieros que estaban financiando el problema de la necesidad de dólares argentina comenzaron a salir estrepitosamente, en parte por el proceso “flight to quality” o “vuelo a la calidad”, dado por la suba de tasas en EEUU.  La falta de dólares para financiar el déficit externo en nuestro país tiene que ver con algunas cuestiones muy discutidas, entre las que se destacan el déficit fiscal, la estructura productiva y el tipo de cambio, que no permiten que el país produzca genuinamente los dólares que necesita. Sin embargo, el préstamo con el que el gobierno de Macri pretendía dar tiempo para “pasar la tormenta” constituye una señal política negativa en diversos sentidos. En primer lugar, se destaca que este tipo de préstamos (llamados “Stand by”), requieren del cumplimiento de los condicionantes que el FMI establezca. Más allá de que el FMI y el gobierno insisten en que el nuevo paquete de medidas fue diseñado exclusivamente por este último, no hay nada que esté por fuera del típico libreto del Fondo. Lo que históricamente recomienda el FMI es recortar el gasto del Estado en general, y en el sistema previsional en particular; la flexibilización laboral, que genera la pérdida de poder adquisitivo del salario real; la disminución del gasto en beneficios sociales; aunque muy probablemente también impliquen rever el pasivo del BCRA en LEBACS, instrumento muy en uso en estos dos últimos años. De más está decir que esas recetas nunca funcionan: no lo hicieron en Argentina en los noventa, y no lo hicieron más recientemente en las economías de la periferia europea que entraron en crisis. En segundo lugar, pedir financiamiento al FMI es un recurso de última instancia, con lo cual es difícil no conservar un análisis pesimista.

La economía va a resultar muy golpeada en lo que queda de este año. El crecimiento económico va a ser pobre en el mejor de los casos, y por tanto se generarán pocos empleos; la inflación será similar a la del año pasado y el poder adquisitivo del salario parece encaminado a caer, como en 2016, a menos que el sindicalismo logre nuevos e importantes aumentos salariales cuando se activen las cláusulas de revisión.

En términos estructurales, es importante distinguir que la discusión de las políticas económicas no debería pasar meramente por la dualidad del gradualismo versus el shock, sino por el estudio del agotamiento de un modelo económico basado en la rentas extractivistas, financieras y las ganancias de unas pocas corporaciones concentradas. La reacción tardía a los cambios internacionales, la política de endeudamiento que nos deja muy vulnerables ante los arbitrajes de los especuladores financieros y las altísimas tasas de interés que no logran revertir la tendencia devaluacionista e inflacionaria son señales de la urgente necesidad de un análisis más bien integral y estructural.

Economistas Progresistas

Lic. Francisco Barberis Bosch – Lic. Ana Laura Catelén